Barcelona tiene sus pulmones en Collserola, la misma montaña que la encajona contra el mar.

Existe un ritual para muchos de los hacinados barceloneses que consiste en levantarse los domingos temprano, coger la bicicleta o las zapatillas de deporte e ir a triscar por sus senderos.


Los ciclistas de montaña, ataviados con sus trajes coloristas de licra ajustada (destacando el amarillo limonoradioactivo como preferido) se arman con sus aparatosas bicicletas entre las piernas y sus cascos de porexpan troquelado en la testa. Después se transforman en balas disparadas sin ton ni son por los caminos terrosos en dirección a vete tu a saber donde.

Y allí nosotros éramos los extraños, ¿sabe usted?.

Alfil.

Collserola, 2005

Authors: Alfil

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