Mi estimada mama me recuerda, siempre que tiene oportunidad, la parcela que tengo reservada para mí en el infierno. No le digo nada no vaya a ser que descubra en el que vivimos cada día. Hoy mismo, sin ir más lejos, dos euros más el rellenar el depósito.
Yo no tengo una vida plana, yo diría que se asemeja a una estación de esquí con sus pistas de diferentes complejidades, unos días bajas por unas otros por otras y otros te quedas sentado en el bar del refugio con tu te caliente. Hay que reconocer de todos modos que algunas pistas son un verdadero infierno pese a parecer angelicales.

Algo parecido le debe suceder a los demás supongo. La gracia consiste en ser tú quien con maña les cambies el billete al cielo por el del infierno. Sobretodo cuando luego te dan las gracias por el viaje.

Alfil.

Capellades, 2008.



Authors: Alfil

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