Mi primer contacto con el diablo fue en el colegio, mis queridas monjitas me explicaron que tenía cuernos y rabo y que era un chico malo, muy malo. Poco después descubrí que “los buenos” quizá no lo eran tanto. Recuerdo como el Hermano Virgilio, todo un ejemplo de rectitud, nos sentaba en su regazo para explicarnos las lecciones y, ya de paso, tocarnos el culo ... con todo el cariño ¡por supuesto!. Fué sorprendente descubrir que no sólo los demonios tenían rabo.

Mas tarde y entre otros, con Saramago y su "Evangelio según Jesucristo" además de reirme me planteé algunas cosas y fui dándome cuenta de que no siempre los demonios son malos.

Y hete aquí que de pronto un día, a modo de cohartada, mis ángeles de la guarda me dejaron en manos de uno de ellos.

Ya tenía simpatía por él como decían los Rollings, pero nunca creí que además, me cayera tan bien.

Alfil.

Rosas5, 2009.



Authors: Alfil

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