Se encontraron con premeditada casualidad y tras cruzarse una palabras comprendieron que no podían pasar el uno sin el otro. Llegaron a casa y encendieron fuego en la chimenea, pero no se entretuvieron alimentándolo y pronto las cuerdas tomaron el relevo en su atención.
Él la ató sin mucha complicación, necesitaba inmovilizarla y sentirla a sus pies. ella se dejo llevar sintiendo como la pasión la golpeaba con reiteradas olas de deseo, sometiéndose y disfrutando de su posición.


















